jueves, 19 de julio de 2012

Singapur

Singapur, una ciudad estado, una isla unida por un puente a Malasia en la que viven alrededor de cinco millones de personas. Tan limpia, tan moderna, tan segura, tan controlada, tan perfecta...tan diferente a todo lo que hasta el momento habíamos conocido en Asia. Los relojes marcan la hora con los segundos. El tiempo es oro. En el metro todo el mundo va acelerado y enfrascado en su móvil, en su tablet u ordenador, porque, por supuesto, hay wifi en toda la ciudad. Centros comerciales gigantes, rascacielos, hoteles y coches de lujo, una red de transporte público supereficaz...Una ciudad cosmopolita en la que encuentras gente procedente de todas partes del mundo. Singapur nos ha roto el presupuesto. Todo es caro, incluido el alojamiento, aunque vayas como hemos hecho nosotros a un dormitorio compartido. Pero bueno, bien mirado, no está mal, así nos vamos acostumbrando nuevamente a los precios de nuestro país. Ahí va una pequeña crónica de nuestra visita:

Estuvimos en Little India. Era domingo y estaba abarrotado de gente, tanto, que a veces se hacia difícil andar entre la multitud. En el templo de Sri Mariamman presenciamos una ceremonia religiosa, seguida con encendido fervor por cientos de hombres indios. Compramos algo de fruta en los puestos callejeros y cenamos “tandoori chicken” acompañado de arroz y chapati. Y nos fuimos temprano a nuestro hostel.


En Orchad Road te sientes rodeado de imponentes moles de cristal y acero que albergan centros comerciales con tiendas de lujo, hoteles y oficinas. Por allí, también se encuentran algunos edificios que nos recuerdan que esta isla fue colonia inglesa hasta no hace demasiado tiempo. La zona de Chinatown fue nuestro siguiente descubrimiento. Paseamos entre callejuelas, con todas las shophouses restauradas y resplandecientes. Estuvimos en un templo budista de tres plantas y en el templo chino mas antiguo de la ciudad, que estaba siendo restaurado y del que apenas pudimos ver nada por este motivo.



Dar un paseo por Clarke Quay y disfrutar de una cerveza al atardecer en uno de los numerosos restaurantes que jalonan la ribera del rio fue todo un placer.






Desde la parada del metro de Esplanade, hicimos una ruta circular por la bahía. Comenzamos por el Teatro, y cruzamos el puente que va a dar al Hotel Fullerton, uno de los pocos edificios antiguos, aunque restaurado, que quedan por allí. En ese punto, y siguiendo el paseo, llegamos al complejo de Marina Bay, un edificio conformado por tres torres,  unidas en su parte más elevada por una pasarela con forma de barco. Sin duda, es la parte de la ciudad más impresionante.



La isla de Sentosa, a la que se accede con el sky train, es un lugar enteramente diseñado para el ocio: un parque temático de Universal Studios, un túnel de aire en el que puedes volar, una piscina de olas para hacer surf, una especie de pista, a la que se accede en telesilla y por la que se baja en una especie de trineo con ruedas, unas cuantas playas artificiales, hoteles, restaurantes...



Resumiendo, Singapur es una ciudad bonita y muy cómoda que se ve en un par de días o tres. Pero sí lo que quieres es ir a hoteles de lujo, hacer compras y disfrutar de la amplia y selecta oferta de restaurantes, con una buena cartera, entonces Singapur para ti será el paraíso.

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